Cada uno

Paul Fuzier

Todos tenemos responsabilidades individuales de las cuales nadie puede escapar; primero es necesario tener conciencia para saber si estamos igualmente en condiciones de hacerle frente. Enfrentar sus propias responsabilidades condiciona no solamente la vida personal del creyente, sino aun el estado de su casa y el de las asambleas; habría sin duda mas prosperidad espiritual en estos diferentes dominios, si cada uno pensara en su propia responsabilidad .Somos inclinados a ver «la paja» que está en el ojo de nuestro hermano, y no percibimos «la viga» que tenemos nosotros ( Mateo 7:3 ) y olvidando muchas veces que la «viga» que está en nuestro ojo nos impide tener una clara visión de lo que puede haber en el ojo del otro.

Muchos pasajes atraen nuestra atención sobre nuestras responsabilidades personales; sin duda es bueno recordarlos. Mas de una ocasión nos hemos detenido en la expresión «Si alguno», a menudo empleada en el Evangelio según Juan (M.E, 1943, Pág. 147¹); deseamos agregar algunas consideraciones sobre diversas porciones de las Escrituras en las cuales se encuentra el término « cada uno », indicando una responsabilidad personal. Nos ocuparemos principalmente en lo que concierne a los creyentes, pero antes diremos algunas palabras de la responsabilidad personal de todo hombre.

 

1. - Responsabilidad de cada uno ante Dios

«Cada uno dará a Jehová el rescate por su persona. conforme al siclo del santuario. Ni el rico aumentará, ni el pobre disminuirá del medio siclo, cuando dieren ofrenda a Jehová para hacer expiación por vuestras almas. Y tomarás de los hijos de Israel el dinero de las expiaciones.y será por memorial a los hijos de Israel delante de Jehová, para hacer expiación por vuestras almas» (Éxodo 30:11 al 16).

Esto se refería a la expiación de todos, ricos y pobres, todos tenían el mismo mandamiento: cada uno debía dar medio siclo de plata. El Antiguo Testamento nos presenta en figuras lo que el Nuevo Testamento lo expresa claramente, y sobre el tema de la expiación, leemos en la primera epístola de Juan: «Jesucristo , el justo. es la propiciación por nuestros pecados, y no solamente por los nuestros, sino que de le mundo entero»-«Y en esto consiste el amor, no en que nosotros hayamos amado a Dios, sino que Él nos amó ,y envió a su Hijo en propiciación por nuestros pecados»(2:1,2 ; 4:10 ). La propiciación por nuestros pecados está hecha, ella está a favor de todos los hombres: «por el mundo entero», lo que no quiere decir que todos los hombres son, o serán salvos - la doctrina de la salvación universal es una falsa doctrina - pero si que todos pueden serlo; la salvación debe ser aceptada por la fe en Cristo y en su obra. Cualquiera que cree tiene el beneficio de esta obra perfectamente cumplida y por la cual Dios ha estado plenamente satisfecho, plenamente glorificado. -Todo hombre, rico o pobre, debe reconocerse pecador ante Dios - «porque no hay diferencia, por cuanto todos pecaron y están destituidos de la gloria de Dios« (Romanos 3:22) - y enseguida, creer en Jesús «el cual ha sido entregado por nuestras iniquidades, y ha sido resucitado para nuestra justificación» (Romanos 4:25). Es así que cada uno es responsable de aceptar la salvación que se le ofrece gratuitamente; aquellos que rechazan « serán muertos cada uno por su pecado» (Deut: 24:16; 2ª Reyes 14:6).

Así pues, cada uno es responsable personalmente de su suerte eterna; cada uno es responsable personalmente de obedecer a la orden que Dios le da: «Dios, habiendo pasado por alto los tiempos de esta ignorancia, ahora manda que todos los hombres se arrepientan; por cuanto ha establecido un día en el cual juzgará al mundo con justicia, por aquel varón a quien designó, dando fe a todos con haberle levantado de los muertos» (Hechos 17:30-31). Rehusar creer, es desobedecer: «El que cree en el Hijo tiene vida eterna; pero el que desobedece al Hijo no verá la vida, sino que la ira de Dios está sobre él» ( Juan 3:36). Dios no da al hombre el escoger entre creer y no creer, como tampoco en el jardín de Edén, le dio a escoger a Adán: «de el árbol del conocimiento del bien y del mal, no comerás » (Génesis 2:17). Era una orden formal y que es la misma hoy en día: « Dios manda .»; esto es porque el ama a su criatura. Su voluntad es una voluntad de amor: el «desea que todos los hombres sean salvos y vengan al conocimiento de la verdad» (1ª Timoteo 2:4). Es por esto que no deja al hombre a su libre albedrío; si lo dejará al libre albedrío, el hombre no sería culpable de creer o no creer; el escogería una de las dos posibilidades de alternativa, y por consecuencia, no desobedecería. Es el incrédulo que escoge el desobedecer rehusando creer: si persiste en rehusar, no tiene delante de él mas que el juicio eterno: «aquel que no cree ya ha sido condenado, porque no ha creído en el nombre del unigénito Hijo de Dios» ( Juan 3:18).

 

2. - Responsabilidades personales de aquellos que han creído

Los diferentes servicios, el servicio en general

Aquellos que han creído en el nombre del Hijo unigénito de Dios poseen la vida eterna, su parte eterna será la felicidad en la casa del Padre, el gozo con Cristo da una felicidad que nadie podrá turbar (Juan14:1al3;1ª Tesalonicenses 4:17). Pero, por mientras, somos dejados en el mundo para ser testigos y para servir al Señor. Aquel que los ha amado hasta dar su vida por ellos ¿no es digno de ser amado y servido? El da «a cada uno su obra» es como el hombre «que saliendo fuera del país, llama a sus propios esclavos y les da sus bienes. Y a uno da cinco talentos; a otro dos, y a otro, uno; «a cada uno según su propia capacidad» (Mateo 25:14 al 30). Así, cada creyente tiene «su obra» (Marcos 13:34) recibida del Señor con el fin de cumplirla, y el Señor le ha dado todo lo necesario para esto; no, dos, o cinco talentos « a cada uno según su propia capacidad». Cada uno tiene capacidades físicas, intelectuales, dadas por Dios; estos son los «miembros»de los cuales habla el apóstol en el capítulo 6 de la epístola a los Romanos (v.13) según sus capacidades, cada uno tiene uno o muchos talentos para su provecho. ¿Será un imitador de aquel que, en la parábola, había recibido cinco, o igualmente dos? Si verdaderamente está haciendo el servicio que se le ha asignado, no en espera de una recompensa sino para la satisfacción de su Maestro, estará asociado al gozo de Aquel que habrá servido aquí abajo; en el día cuando los resultados del servicio serán manifiestos. ¡Podremos en ese día conocer tal gozo! - Hay en esto, lo repetimos, una responsabilidad personal: el Señor da « a cada uno su obra», «a cada uno según su propia capacidad».

 

Servicio en la asamblea

Lo que consideraremos ahora se aplica al servicio que cada uno es llamado a cumplir, de una manera general, en los diversos medios donde se sirve. Igualmente tenemos en la Palabra enseñanzas relativas al servicio que el creyente es responsable de cumplir estando en el asamblea, donde es parte como siendo miembro del cuerpo de Cristo.

El capítulo 12, de la primera epístola a los Corintios pone de manifiesto, muy particularmente, la responsabilidad de cada miembro del cuerpo. Cada uno debe tener el discernimiento del servicio que le incumbe, servicio que debe enseguida cumplirlo fielmente. Cuando deseamos, concientemente o no, cumplir un servicio de otro hermano, la mayoría de las veces nos conduce a abandonar mas o menos aquello de lo que si somos responsables y a estorbar al creyente en el servicio en el cual nos entrometemos. Todos los miembros son necesarios para el desarrollo harmonioso del cuerpo, pero cada uno debe funcionar en su lugar. Nadie puede decir que no tiene algún servicio que cumplir; y si se tiene este sentir, es que aun no ha discernido lo que se le ha pedido. Debe entonces, en comunión con el Señor, buscar por medio de la oración lo que es necesario , con el fin de realizarlo.

Citemos algunos pasajes de este capítulo que señalan la responsabilidad de cada uno de los miembros del cuerpo:

•  «Luego a cada uno se le ha dado la manifestación del Espíritu para provecho» (v.7) -Nadie puede decir por consiguiente que el Espíritu no le ha dado nada: ha recibido una «manifestación del Espíritu» y eso en vista de estar, en su lugar y según lo que le ha sido dado, útil al cuerpo.

•  «Pero el solo y único Espíritu actúa en todas las cosas, distribuyendo a cada uno en particular como Él quiere (v.11). Las diversas actividades que son ejercidas en el seno de la asamblea son las operaciones del Espíritu Santo pero por medio de los instrumentos que a Él le place emplear: «cada uno en particular» y por su parte, cualquier cosa la hace valer para el bien de todos.

•  «Pero ahora, Dios ha colocado los miembros - cada uno de ellos-en el cuerpo, como a Él le place (v.18). Dios, en su soberanía, da a cada uno su lugar en el cuerpo, calificándole para cumplir tal o cual función en la dependencia y bajo la dirección del Espíritu Santo.

•  « Luego vosotros soy el cuerpo de Cristo, y miembros cada uno en particular (v.27) - Cada uno es miembro del cuerpo, teniendo la responsabilidad propia en lo que concierne a su funcionamiento. ¿Qué sucede cuando un miembro del cuerpo humano no funciona y se encuentra mas o menos paralizado, o atrofiado? Todo el cuerpo sufre. Así es también en medio de la Asamblea, como también en una asamblea local que es la expresión del cuerpo de Cristo en la localidad.

Estos versículos hacen resaltar la responsabilidad de cada uno en su vida diaria y en particular en las reuniones de la asamblea. En las reuniones, cuidémonos de tener la tendencia de descansar en ciertos hermanos, considerados como teniendo «la costumbre de actuar», y así permanecer como elementos netamente pasivos, habiendo tomado «la costumbre de no actuar». Cada uno en su función propia en el cuerpo, no lo perdamos de vista. ¿Cuál es la nuestra? ¡Que podamos discernirla claramente y así enseguida, ejercerla con un santo temor, como también con celo!

En relación al servicio en general como al servicio en la asamblea, el apóstol Pedro escribe: « Cada uno según el don que ha recibido, minístrelo a otros, como buenos administradores de la multiforme gracia de Dios. Si alguno habla, hable conforme a las palabras de Dios; si alguno ministra, ministre conforme al poder que Dios da, ¡para que en todo sea Dios glorificado por Jesucristo, a quien, pertenecen la gloria y el imperio por los siglos de los siglos! Amen. (1ª Pedro 4:10,11). Según el don que ha recibido por pura gracia y cualquiera que sea el don, cada uno es responsable de emplearlo «para los demás» siendo un «buen administrador de la multiforme gracia de Dios». - Para comprender lo que Dios espera de nosotros se necesita una verdadera dependencia y serios ejercicios. ¿Pero no nos sucede a veces que retrocedemos ante los ejercicios y permanecemos inactivos, para poder evitarlos? Tratamos de tranquilizar nuestra conciencia diciendo: « ¡No soy capaz! ¿Como Dios me va a pedir que haga algo que no puedo hacer?» Esto es manifestar un temor que no es el temor de Dios, un temor que nos conduce a desconocer las enseñanzas de 1ª Pedro 4:10 y 11 y 1ª Corintios 12. El apóstol Pablo escribiendo a Timoteo le dice: «Dios no nos ha dado un espíritu de temor, sino de poder, de amor y de dominio propio« (2ª Timoteo 1:7).

 

Edificación de la casa de Dios 

Somos responsables de trabajar para la edificación de la casa de Dios, por lo tanto somos «colaboradores de Dios» (1ª Corintios 3:9), ¿Qué es lo que nos caracteriza en esta obra: la pereza o una gozosa actividad? Los Corintios con el fin de ejercer -y nosotros con ellos- el asunto del trabajo, el apóstol les dice: «según la gracia de Dios que nos ha sido dada, como un sabio arquitecto, yo he puesto el fundamento, y otro edifica encima; pero cada uno mire como sobreedifica. Porque nadie puede poner otro fundamento que el que esta puesto, el cual es Cristo Jesús. Luego si alguno edifica sobre este fundamento oro, plata, piedras preciosas, madera, heno u hojarasca, la obra de cada uno se hará manifiesta, porque el día la declarará, porque será revelada así como por fuego; y la obra de cada uno, el fuego la probará. Si la obra de alguno que haya edificado permanece, recibirá recompensa; si la obra de alguno se consume, el sufrirá perdida. , aunque el será salvo, así como por fuego (1ª Corintios 3: 10 al 15).Luego tenemos en estos versículos dos clases de obreros:

1) Los que presentan la sana doctrina y son así instrumentos de los cuales Dios se sirve para hacerlos parte del edificio de nuevas «piedras», es decir personas que han aceptado la salvación por gracia y están establecidas en la verdad;

2) Aquellos que desarrollan doctrinas que agradan a la carne no tomando en cuenta para nada el alma, ni la vida divina, ni, la mayor razón, cual es el alimento. Las personas que reciben tales enseñanzas pueden tener una buena apariencia religiosa, pero no son salvas. Así como ya ha sido escrito, los primeros son «verdaderos obreros que hacen una buena obra», los otros, «verdaderos obreros - y se encuentran sobre todo en un gran número - que hacen una mala obra, pensando en obtener buenos resultados, con malos materiales» ( M. E 1914, Pág.232). - ¿No tenemos que pensar, también, en nuestra responsabilidad individual «cada uno mire como sobreedifica»?

 

Servicio de alabanza 

El pueblo de Israel fue llamado a celebrar diversas fiestas a Jehová (Lev. 23). Particularmente tres eran las principales: la fiesta de los panes sin levadura la fiesta de las semanas y la fiesta de los tabernáculos (Deut.16). ¿Cómo se debía asistir «al lugar que Jehová había escogido para habitar allí su nombre»?. Moisés le dice al pueblo: «ninguno se aparecerá ante Jehová con las manos vacías, cada uno con la ofrenda en su mano, conforme a la bendición que Jehová tu Dios te hubiere dado» (Deut.16:16 y 17). Luego cada uno debía llevar una ofrenda a Jehová y lo que ofrecía era según la bendición que le había sido dispensada. En efecto, aún hoy en día, es Dios que nos da lo que podemos ofrecer. Todo viene de Él, como lo expresa David: «Porque todo es tuyo, y de lo recibido de tu mano te damos» (1ª Crón. 29:14). - ¿Llegamos al lugar de reunión el primer día de la semana, «vacíos», o al contrario ofrecemos cada uno según lo que Su mano pudo dar? Si aparecemos ante Dios «vacíos» hemos perdido de vista nuestra responsabilidad personal en el servicio de alabanza en la asamblea, el culto sufre y Dios se privará, por una parte al menos, de la alabanza que el desea recibir de la asamblea que El «ha adquirido por la sangre de su propio Hijo» ¿No toca esto nuestro corazón? ¡Que podamos, al contrario llega, cada uno, con el corazón lleno de Cristo! Entonces, la alabanza de la asamblea se elevará dentro del santuario, en el poder del Espíritu Santo, ¡para la gloria de Dios, para la gloria del Señor! - No perdamos de vista cual es el propósito de venir a la reunión, no es para asistir a un servicio cumplido por algunos hermanos, sino que para ser parte: la adoración de la asamblea es un acto colectivo, cada uno es responsable de ofrecer «según lo que su mano pudo obtener», también las hermanas, aunque deben guardar silencio (aunque para cantar si) en la reunión.

Cuando Israel debía salir de Egipto, en ese momento, el pueblo fue llamado a celebrar «la pascua de Jehová»; Todas las instrucciones necesarias le habían sido dadas para esto (Éxodo 12). En cada casa debía tomarse un cordero y, en el caso particular previsto en el versículo 4, era preciso tomar un cordero «para que cada uno pudiera comer » (Versión francesa J.N.D.). Los Israelitas, colocados al cuidado de la sangre del cordero, debían comer la carne esa noche, debían comerla «asada al fuego, y panes sin levadura; con hierbas amargas» (v.7 al 11) - figura de lo que somos llamados ahora: lavados en la sangre del Cordero, reunidos alrededor del Señor, en su mesa, participando a la cena, «anunciamos la muerte del Señor hasta que Él venga» (1ª Cor. 11.26) y nos nutrimos de Cristo, Santa Victima. Es a lo que somos invitados, y que a veces expresamos en uno de nuestros cánticos:

A nutrirnos de Ti, Señor tú nos convidas

Amante y buen Pastor, potente Redentor

Del mundo en el erial, la fiesta Tú nos brindas

Que proclama tu grande amor.

Las capacidades espirituales, como también los «apetitos» espirituales son diferentes; volviendo a la expresión de Éxodo 12:4, ¿podríamos decir que nos nutrimos del Cordero «según lo cada uno pueda comer»?. Si día a día hemos vivido en la comunión con el Señor, y cuando llegamos al lugar de reunión estamos con los corazones profundamente conmovidos para recordar sus sufrimientos y su muerte, entrando aunque sea un poco en lo que se conoce de las horas dolorosas del Getsemaní y del Gólgota, tendríamos sin duda un deseo ardiente de alimentarnos del Cordero. «Según lo que cada uno pueda comer» ¡Es una responsabilidad personal: está dirigida a nuestro corazón!

¿En que estado moral venimos rendir culto, «a anunciar la muerte del Señor Jesús hasta que el venga»? Comer el pan o beber la copa del Señor «indignamente» constituye una culpabilidad « con respecto del cuerpo y de la sangre del Señor»; cada uno debe pensar lo con mucha seriedad, no perdiendo de vista la exhortación que sigue: «Pero cada uno pruébese a si mismo y coma así del pan y beba de la copa» (1ª Cor. 11:26 al 280151 y siguientes). ¡Realizar el juicio por si mismo es una responsabilidad personal: está dirigida a nuestra conciencia!

 

Ejercicio de la beneficencia 

«Así que, ofrezcamos siempre a Dios, por medio de él, sacrificio de alabanza, es decir, fruto de labios que confiesan su nombre. Y de hacer bien y de la ayuda mutua no os olvidéis; porque de tales sacrificios se agrada Dios.»(Heb 13:15 y 16). - El servicio de hacer el bien esta unido a la alabanza, así se nos muestran en estos dos versículos. Sin ninguna duda, el «sacrificio de alabanza» es de una característica mucho mas elevada que aquella de« nuestros bienes», porque Dios se agrada de esto último como de lo primero. ¿Nos permite esto pensar lo que es conveniente- (la Palabra no nos da, es verdad, ninguna instrucción precisa a este respecto) -que la colecta unida al culto, sacrificio de nuestros bienes ligada al «sacrificio de alabanza», sea hecha en el curso de la reunión del culto, es decir (¿no es importante) bajo la mirada de Dios y en la presencia del Señor? ¿Es esto de acuerdo al espíritu de la Escritura?

En 1ª Corintios 16:1 al 4 no se aplica, directamente, a la colecta unida al culto, pero en ella los Corintios eran exhortados a hacer de ayuda para los creyentes de Jerusalén que estaban entonces en necesidad. En el presente, estos versículos pueden tener su aplicación directa a las colectas que somos llevados a hacer en relación a las necesidades particulares y ellas señalan la responsabilidad personal de «cada uno», a este respecto, como también el hecho que es conveniente de que tales colectas tengan lugar el primer día de la semana.

Pero este «cada primer día de la semana» (1ª Cor, 16:2), ¿ no nos permite entender el alcance de la enseñanza de que la colecta está unida al culto? «Ese día se reunían los hermanos para partir el pan (Hechos 20:7), y la colecta habitual, unida al culto, tenia sin duda lugar. Pero en vista de esta colecta especial, el día del Señor era favorable para hacerlo (M.E. 1901, pag.221- Notas sobre la 1ª epístola a los Corintios). La expresión «cada uno de vosotros» (1ª Cor.16:2) hace resaltar la responsabilidad personal de cada hermano y de cada hermana. Puede suceder, por ejemplo, que una hermana casada, o un hijo en comunión que no se gana aun la vida, reposen sobre el jefe de la familia en el ejercicio de dar; sin embargo en ese caso se pierde el ejercicio de dar por si mismo. Luego la falta de renta propia se emplea en general de lo que se llama «el dinero de la bolsa»; se puede participar directamente en la colecta, igualmente si su don es muy modesto. El principio es siempre el mismo: «cada uno conforme a lo que se tiene» (Hechos 11:29), y sabemos como el Señor apreció las «dos blancas» de la viuda: «Esta viuda pobre ha dado mas que todos los demás » (Lucas 21: 1 al 4). Notemos igualmente la expresión empleada por el apóstol: « Cada primer día de la semana cada uno de vosotros ponga aparte, guardándolo según haya prosperado» (1º Corintios 16:2). Luego el ejercicio es individual y debe tener lugar «cada primer día de la semana»: nadie podría decir, sin examinarse: «recibo un sueldo mensual, o un sueldo irregular, por consiguiente no puedo tomar parte de la colecta debido a que lo que percibo es parte de mis medios de subsistencia». Revelamos también otra expresión de este versículo: «poner aparte algo»; es en casa que debe ser preparado y no en el momento cuando la colecta tiene lugar, esto podría en ciertos casos turbar mas o menos el recogimiento de la asamblea. ¡Pensemos pues en el ejercicio de «cada uno», «cada primer día de la semana», en el apartar el don que de corazón ha sido hecho y que constituye la participación de cada uno en la colecta unida al culto!

Sea que se trate de la colecta hecha el primer día de la semana o de otras manifestaciones de beneficencia, es necesario que cada uno tenga el sentimiento de su responsabilidad propia sobre el tema. Cuando Agabo llegó de Antioquia con otros profetas de Jerusalén, «declaró por el Espíritu que una gran hambre tendría lugar en toda la tierra habitada», los discípulos, en lugar de pensar con egoísmo guardando provisiones para protegerse de esos días de escasez, « cada uno conforme a lo que tenía, determinaron enviar socorro a los hermanos que habitaban en Judea» (Hechos 11:27 al 30). ¡Cada uno según sus recursos! Dios no pide a nadie más de lo que puede dar, ¡pero cada uno es responsable de determinar lo que sus recursos le permiten hacer! Que bello testimonio ha dado el Señor con respecto a Maria de Betania: «Esta ha hecho lo que podía»

 

Lo que el Señor dá

El Señor mismo lo ha declarado: «Porque el Hijo del Hombre vendrá en la gloria de su Padre con sus ángeles, y entonces pagará a cada uno conforme a su conducta» (Mateo 16:27). Hay allí un principio general que debe ejercer todo creyente. Y es el mismo para todos los hombres. Notemos lo que escribe el apóstol Pablo: «Pero por tu dureza y por tu corazón no arrepentido, atesoras para ti mismo ira para el día de la ira y de la revelación del justo juicio de Dios. El cual pagará a cada uno conforme a y no sus obras: vida eterna a los que, perseverando en bien hacer, buscan gloria y honra e incorruptibilidad-la vida eterna (J.N.D.), pero ira y enojo a los que son contenciosos y no obedecen a la verdad» (Romanos 2: 5 al 8). Para todos aquellos que han rehusado creer-y he allí el motivo del juicio: «Aquel que cree en Él no es condenado, pero aquel que no cree ya ha sido condenado, porque no ha creído en el nombre del unigénito hijo de Dios» (Juan 3:18) - esto será el presentarse ante el gran trono blanco: «. y fueron juzgados los muertos por las cosas que estaban escritas en los libros, según sus obras. Y el mar entregó los muertos que había en él; y la muerte y el Hades entregaron los muertos que había en ellos; y fueron juzgados cada uno según sus obras» (Apocalipsis 20: 12b y13) -obras que serán la demostración de su estado de perdición y de incredulidad. En lo que concierne a los creyentes, esto será el presentarse ante el «tribunal de Cristo», donde no será ejercido ningún juicio-porque «aquel que cree no es juzgado » ( Juan 3:18)- sino que será la manifestación de lo que hizo en la tierra y su retribución «porque es necesario que todos comparezcamos ante el tribunal de Cristo, , para que cada uno reciba según lo que haya hecho mientras estaba en el cuerpo, sea bueno o sea malo ( 2ª Corintios 5:10).

Que cada uno piense en su responsabilidad personal en relación: con el gran trono blanco, si aun está en sus pecados y con el tribunal de Cristo, si se trata de un creyente. Nosotros creyentes, por gracia, ¿compareceremos ante el tribunal de Cristo con el fin de recibir alguna alabanza, para la gloria del Señor, o bien probaremos una pérdida? . Pensamos en la próxima venida del Señor que nos dice: «He aquí vengo pronto, y mi galardón conmigo, para recompensar a cada uno según sea su obra» (Apocalipsis 22:12). En ese día, « cada uno recibirá su propia recompensa según su propio trabajo» el Señor «manifestará las intenciones de los corazones, y entonces cada uno recibirá su alabanza de parte de Dios» (1ª Corintios 3:8; 4:5)

 

Responsabilidad de aquellos que se desvían 

En el tiempo de los jueces « cada uno hacia lo que bien le parecía» (Jueces 17:6; 21:25). El menosprecio a la autoridad divina, la manifestación de la voluntad propia nos lleva al camino de alejamiento. Dios invita a los que se han extraviado-sean los del tiempo de los jueces, o mas adelante, en los días de Jeremías, o aun hoy en día- a volverse: «Volveos pues cada uno de sus malos caminos. Y enmendad vuestros caminos y vuestras acciones». El retorno es individual: cada uno es personalmente llamado a volver, es en cada uno que debe ser cumplido un trabajo de corazón y de conciencia preparando el retorno. Pero, en los días de Jeremías, el llamado permanece sin respuesta: «Es en vano; porque en pos de nuestros ídolos iremos, y haremos cada uno el pensamiento de nuestro malvado corazón» (Jeremías 18:11, 12). Cuando el corazón natural es malo, ¡que obstinación se manifiesta- se dice que la obstinación es «como una idolatría» (1ª Samuel15:23)! Es hecha como una forma de culto del «yo», o bien siguiendo al hombre, comprometiéndose, por su propia voluntad, en un mal camino, no aceptando ningún consejo y rehusando reconocer que ha sido inducido- o que se va, a ojos cerrados, siguiendo al hombre.

Pero en su gracia Dios actúa, obrando en los corazones, produciendo un deseo real de «volverse». El trabajo debe ser operado en cada uno ; cada uno debe realizarlo, por si mismo, en una verdadera y profunda humillación: Es lo que encontramos en las palabras pronunciadas por el rey Salomón en la dedicación del templo: «.toda oración y todo ruego que hiciere cualquier hombre, o todo tu pueblo Israel, cada uno que conociere su llaga y su dolor en su corazón, si extendiere sus manos hacia esta casa, tu oirás desde los cielos, desde el lugar de tu morada, y perdonarás, y darás a cada uno conforme a sus caminos, habiendo conocido su corazón,(porque solo tú conoces el corazón de los hijos de los hombres);para que te teman y anden en tus caminos, todos lo días que vivieren sobre la faz de la tierra que tu diste a nuestros padres» ( 2ª Crónicas 6:29 al 31). De igual modo, cuando la casa de David y los habitantes de Jerusalén «miraran al que traspasaron» y «llorarán , como se llorarán como se llora por hijo unigénito», «la tierra lamentará, cada linaje aparte: los descendientes de la casa de David por sí, y sus mujeres por sí; los descendientes de la casa de Natán por sí, y sus mujeres por sí; los descendientes de la casa de Leví por si, y sus mujeres por sí; los descendientes de Simei por sí, y sus mujeres por sí; todos los otros linajes, cada uno por sí, y sus mujeres por sí.» (Zacarías 12:10 al 14).

¡Que la consideración y la meditación de estos diferentes pasajes nos conduzcan a realizar, cada uno, nuestras responsabilidades y que nos sea concedido el socorro para enfrentarlas¡ ¡Que las bendiciones sean derramadas en nosotros, en nuestros hogares, en nuestras asambleas! Pidamos estas bendiciones y conduzcámonos de tal manera que puedan ser ricamente dispensadas! «Pedid a Jehová lluvia en la estación tardía. Jehová hará relámpagos, y os dará lluvia abundante, y hierba verde en el campo a cada uno » (Zacarías 10:1).

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Traducido de "El Mensajero Evangélico " año 1974