El Lamento Del Sufrimiento De Cristo

William John Hocking

English version

"Dios mo, Dios mo, por qu me has desamparado? Por qu ests tan lejos de mi salvacin, y de las palabras de mi clamor? Dios mo clamo de da, y no respondes; Y de noche, y no hay para m reposo. Pero t eres santo T que habitas entre las alabanzas de Israel".

Salmos 22:1-3

En el Salmo 22, nosotros tenemos una de las muchas profecas del Antiguo Testamento, que se refieren directamente a nuestro Seor Jesucristo. Esta, sin embargo, se distingue de las otras porque predicen hechos que involucran sus nicos e insondables sufrimientos que no sern encontrados en otras profecas. Aqu lo encontramos en toda su simplicidad, solemnidad y conmovedora dulzura de los labios de l como Santa Vctima.

TRES SALMOS MESIANICOS EXCEPCIONALES

Muchos salmos dejan ver al Ungido de Jehov que haba venido, pero tres de ellos son sobresaliente del resto por los detalles vividos de estos sufrimientos, que aqu se conocen de antemano. Juntos el Salmo 22, all est el Salmo 69 y el Salmo 102. Los tres profetizan en palabras de un canto, la senda asombrosa de la Esperanza de Israel, las burlas, el desprecio de todos aquellos que le vieron a l y al Salvador de los hombres sin un lugar donde recostar su cabeza. Cada uno de los tres Salmos presenta esta particular fase propia de los sufrimientos de Cristo, seguida por su apropiada secuencia, pero uno que toca nuestros afectos y devocin mas profundamente es Salmo 22.

El tema del Salmo 69 es el sufrimiento del Seor Jesucristo como aquel que firmemente soport el reproche de Jehov enfrente de aquellos que le odiaron sin una causa. Grandes y pequeos fueron sus enemigos. Aquellos que se sentaban a la puerta para hablar en contra de l, y l fue la cancin de los borrachos. "Slvame, oh Dios" l clam "Porque las aguas han entrado hasta el alma". Jehov oy y contest, como nos mostr la ultima parte del Salmo. Dios traer justa y aplastante retribucin sobre la generacin impa que rechaz y crucific a su Mesas. Los sufrimientos causados por la enemistad del hombre, son seguidos por el justo juicio de aquellos que causaron tales sufrimientos.

En el Salmo 22 la idea es diferente y su tema es nico. Aqu aunque los sufrimientos descritos son en extremo profundo y ms penetrante, el resultado para el hombre no es judicial pero s en misericordia. No se menciona ninguna palabra sobre la ira y el juicio sobre los hombres. De hecho, uno casi podra llamar al Salmo 22 el intimo acercamiento en el Antiguo Testamento a la revelacin de la superabundante gracia de Dios en el Nuevo. En lugar de los rayos de ira de Dios cayendo sobre aquellos que maltrataron al Mesas, el Salmo finaliza con la alabanza que se eleva al Dios de toda la humanidad. Los sufrimientos de Cristo rendirn lo que el mundo entero nunca a dado todava a Dios - unidos y alabanza universal. Ahora, existe la alabanza de algunos aqu y otros all; Pero el Salmo reconoce que habr un tiempo cuando todo el mundo se regocijar en Dios y dar a l lo que se debe a su nombre, dado que, la lengua del hombre fue diseada para rendir - inteligente y alabanza audible. Y "en ese da" todas "las familias de las naciones" rendirn culto ante Jehov de Israel a consecuencia de los sufrimientos de Cristo que est situado en lo ultimo del monologo proftico de este Salmo.

El salmo 102 tambin solemniza los sufrimientos de Cristo. All el Mesas se presenta en su humillacin en medio de los hombres y por los hombres, y en su invariable actitud de sumisin en mansedumbre y humildad, a lo que hubiere sido la voluntad de Dios. El Salmo es llamado "La oracin del afligido, cuando l esta oprimido". En su infinita grandeza, Cristo "se vaci a s mismo", y l obedientemente tom el lugar del hombre que estaba en miseria en un mundo de Autosuficiencia y de Autoexaltacin. l fue rechazado por los hombres y parti a la afliccin "como un gorrin solo en el nido". En su dolor el Mesas a clamado. "Dios mo", deseando que l no se lo lleve en medio de Sus das. Por tanto Jehov vindica su sufrimiento al Hijo proscrito (vers. 24-27). Aunque los das de su humillacin pudieran ser acortados, No era l el Creador de la tierra y de los cielos?. Toda la creacin perece, ms el Mesas habita continuamente sin cambio, es el mismo "Ayer, hoy y por siempre". As, la oracin del afligido es contestada por un testigo divino a la gloria intrnseca a su persona, y el pasaje citado es Hebreos 1: 10-12 como un testimonio, coronando la gloria del Hijo Eternal, por quin Dios habl a los hombres en los das del Nuevo Testamento.

En el salmo 22, sin embargo, los sufrimientos de Cristo son de Dios. El ser desamparado por Dios es expresado en sus estrofas de apertura, y nos suministra la llave al Salmo entero. La ferocidad de los hombres aparece en otros Salmos, pero el abandono del Mesas de Israel de parte del Santo de Israel, como necesariamente debi ser, es el predominio notable de la profeca. Es ms, es la vctima santa la que confiesa que l es desamparado por su Dios. l quin soport esto hace una clara descripcin. l es, el que verdaderamente habla a travs de este Salmo y cuando l recuerda sus propios sufrimientos, tambin declara las alabanzas a Dios que siguen como su efecto. Nosotros aprendemos que la propiciacin y la expiacin estn cumplidos, la tierra en exacto curso, llegar a estar plena de alabanzas a Dios.

Recordar cuan preciosa es esta combinacin de propiciacin y alabanza, retratada en Levtico 16, por la sangre y el incienso. All la gran obra de Cristo, con esta expiacin que es premanifestada en tipo, con La sangre del becerro y el carnero. Luego es tomada la sangre desde el Atrio del Tabernculo y es introducida al lugar Santsimo y se roca all sobre el Trono de la Gracia. Aarn entra en el Lugar Santsimo donde la presencia de Jehov descansa entronizado sobre el Trono de la Gracia, con la sangre y el incienso. El rociado de la sangre del sacrificio en la manera requerida, es acompaado por los humos fragantes que ascienden, los cuales vienen de la quema del incienso y suministran un dulce olor a l quin se sienta entre los querubines. As esta tipologa ilustra como el incienso de adoracin esta ntimamente asociada con la propiciacin que Cristo hizo respecto de nuestros pecados. Su obra de sacrificio es la base permanente para el creyente en la adoracin actual, y para el culto de todos los hombres en el milenial da y reino.

El Padre "busca" adoradores; y si nosotros somos creyentes en el Seor Jesucristo, nosotros nos hemos constituidos en adoradores sobre la base de la obra propiciatoria del Seor Jesucristo, el Padre busca que nosotros le rindamos culto, nosotros estamos con eso autorizados a hacerlo. Qu entonces podemos ofrecer a Dios Padre que pueda ser aceptable?, Traeremos nosotros cualquier ofrenda material en nuestras manos?, Traeremos nosotros algo en nuestros corazones que brote de nuestros propios afectos naturales y esfuerzos?. Ud seguramente sabe que no podemos encontrar nada en nosotros mismos digno de su aceptacin.

Dnde entonces los adoradores encontraremos lo que seguro ser aceptable a Dios Padre?. Todo lo que concierne al Hijo, el Seor Jesucristo, solo l es agradable al Padre. Y si un asunto acerca de l es ms aceptable que otro, esto es que se relaciona a sus sufrimientos y muerte, por lo cual "Dios se glorific en l". Como adoradores, por con consiguiente, nosotros necesitamos tener en nuestros corazones un sentido claro de la vasta obra de expiacin logrado cuando l estuvo sobre la cruz. El bendito Hijo de Dios, que no conoci pecado, fue "hecho pecado por nosotros" por Dios (2 Corintios 5:21).

La Escritura se refiere a menudo a la expiacin de Cristo con palabras simples que incluso un infante puede repetir, Pero cuan profundo e insondable es su pleno significado!. Estas estn, sin embargo, para que nosotros meditemos continuamente, permitiendo al Espritu Santo a revelar y engrandecer su significado, e implicacin ante nuestros ojos para que as nuestros corazones puedan prorrumpir en dignas canciones de alabanza. As es como nosotros recordamos que el santo, perfecto y sin pecado Hijo de Dios estuvo sobre la cruz "hecho pecado por nosotros" por Dios. Nosotros no podemos comprender totalmente la profunda doctrina, ni lo necesitamos para rendir culto a Dios. Pero cuando nosotros estamos ante Dios "el mas Santo de todos" nos recuerda que la muerte de Cristo es el suceso ms notable en la historia del mundo y que algo importante sucedi all. Entonces esto de inmensurable valor, sobre lo cual no se requiere que vuelva a repetirse, entonces las canciones de incontenible alabanza, henchirn dentro de nosotros. El incienso de la aceptable alabanza, ascender al trono eternal.

LA VICTIMA Y SU DIOS

Permtanos tener claramente en consideracin que en este Salmo omos las palabras de Cristo mismo dirigidas a Dios. La mayora de nosotros est familiarizado con el lamento amargo dispuesto al principio del salmo y provee el motivo colmando el tema. Nosotros leemos "Dios mo, Dios mo porque me has desamparado?". Aqu las conmovedoras palabras ocurren profticamente. En los evangelios ellas estn establecidas histricamente. Mateo y Marcos registran que el Seor las pronuncio en la cruz. En las profundidades de su angustia, el Seor us las palabras, teniendo el sentido completo de su profundo significado y tambin el conocer que las profecas del Salmo 22 estaban cumplindose en l. En el momento debido l haba aparecido en el mundo para echar fuera el pecado por medio del sacrificio de S Mismo. En esta obra el Bendito todo lo soport solo - Dios - lo desampar. En esta experiencia terrible l mismo a proclamado en voz alta, de tal modo que cualquiera poda orle -"Eli, Eli, lama sabactani?". Cun frecuente es eso, aquellos quienes oyeron no entendieron sus expresiones. Ellos dijeron "Deja, veamos si viene Elas a librarle". Este nico crucificado poda de este modo dirigirse a Dios en el cielo, esto estaba mas all de la comprensin de ellos. El hecho es que en aquello descansa la verdad central de la propiciacin que Cristo hizo por nuestros pecados y por el mundo entero.

En esta ocasin, yo creo que la primera vez que nosotros lemos en los evangelios a nuestro Seor usando las palabras " Dios mo", fue cuando se dirigi a l (Mateo 27:46). El Hijo estaba constantemente en comunin con el Padre, oyendo su palabra y cumpliendo sus mandatos. En la conversacin con su Padre, nosotros leemos de l respondiendo y diciendo "Te alabo, Padre, Seor del cielo y de la tierra, porque escondiste estas cosas de los sabios y de los entendidos, y las revelaste a los nios. S, Padre, porque as te agrad" (Mateo 11:25,26).

Esta comunin del Hijo con el Padre era irrompible, no-solo durante su ministerio publico cuando l estaba predicando el evangelio a los pobres, sanando a los enfermos, y haciendo sus innumerables hechos de misericordia entre los hombres, ms tambin Ud. Recordar, durante esa solemne hora de la media noche en el Getseman. All el Seor estuvo solo, aparte de sus discpulos, postrado sobre la tierra y su sudor eran como grandes gotas de sangre que caan a la tierra. Todava en esta agona de anticipacin, el Bendito no estaba totalmente solo "... y me dejaris solo; mas no estoy solo, porque el Padre est conmigo" (Juan 16:32). Por todo su "llorar y fuertes sufrimientos", la comunin con el Padre era irrompible. "Abba, Padre" l clam. "Padre mo, si es posible...", " Padre, si quieres, pasa de m esta copa; pero no se haga mi voluntad, sino la tuya". Sabiendo plenamente que el Padre en su voluntad lo haba decretado para el da siguiente, el Hijo obediente asinti en el Getseman como l siempre lo haba hecho. "La copa que el Padre me ha dado, no la he de beber?".

Pero aqu el Seor esta hablando desde la cruz. Ahora ya no es "Padre mo" como en el jardn, pero s "Dios mo", quin es Juez de todos y es el nombre apropiado para dirigirse a l. Dios es el justo gobernador del mundo. Su naturaleza se opone al pecado y su esencia demanda el castigo del pecado. All no puede haber comunin entre la santidad y la impiedad, entre la luz y la oscuridad. All, el que no conoci pecado, Dios lo hizo pecado por nosotros. En la conciencia de pecado - est sufriendo y al estar siendo "maldicin por nosotros", l exclam "Dios mo, Dios mo, porque me has desamparado?".

Como nuestro Seor en medio de su sufrimiento por el pecado confesado, fue desamparado por su Dios, pero todava se dirige a l como "Dios mo". Esta unin de Jess subsisti desde su temprana infancia. En este mismo Salmo, l declara " Desde el vientre de mi madre, t eres mi Dios" (v. 10). Desde el pesebre en Beln en adelante, l el perfecto y bendito Hombre, reconoca a Dios como el nico a quin l obedeca y de quin dependa. Ms aqu era un tiempo de oscuridad culmine, pero encontramos una inmensa diferencia, Su Dios en quin l confi lo haba desamparado!, Y porque?.

Cristo haba venido a este mundo para tomar el lugar del impo e injusto, bajo el juicio del Dios justo y santo. l mismo era santo: " Dios mo, clamo de da, y no respondes... Pero t eres santo, T que habitas entre las alabanzas de Israel". Cul es la explicacin?. El Santo sufri el pecado. El justo tom el lugar de los injustos. "l llev nuestros pecados en su propio cuerpo sobre el madero". Oh, profundidad hasta el fondo mismo de todas las profundidades!, Oh, la grandeza de todos los misterios descifrados es esto!. El corazn humano permanece inmvil y silencioso, oculto ante el impenetrable velo, absolutamente escondido del mortal que mira al Salvador en esa hora terrible. Slo estaba all en la oscuridad y en la sombra de muerte. l solo puede hablar de esto. l ha hablado, sus palabras estn delante de nosotros " Dios mo, Dios mo por qu me has desamparado?".

Nosotros no podemos entender este lamento angustioso arrancado del corazn de Cristo, ni sondear su significado. Aparte de su interpretacin, est claro que nosotros poseemos la verdad y la bienaventuranza en la obra de suministracin a travs del Espritu Santo. Nuestra fe nos coloca en esta penetrante expresin de los sufrimientos de Cristo. Nos cuenta del precio pagado por nuestra redencin. Mide para nosotros el valor del sacrificio hecho sobre la cruz por nuestros pecados y la gloria de Dios en relacin con ello. El Cristo Santo fue desamparado por el Dios Santo!.

Desde aqu, nosotros meditamos sobre este gran lamento en la presencia del Seor, de cuyos labios esto ha venido. Nosotros aprendemos de su obra expiatoria. Entonces l permaneci donde nunca haba estado antes, bajo el peso de nuestra culpa y de la ira de Dios contra l. Durante su vida de ministerio, l no estaba llevando nuestros pecados, como algunos imaginan erradamente. Fue sobre el madero que l llev nuestros pecados en su propio cuerpo, como nos dice Pedro. All l sufri por nosotros, por nuestro perdn, por nuestra redencin, con lo cual nos podra traer a Dios (1 Pedro 2:24). Que la bendicin de Dios en toda su plenitud, pueda fluir sin obstculos en nuestras almas.

Pero hay otro aspecto en la obra de expiacin que nosotros nunca debemos olvidar. Debido al pecado de los hombres la gloria de Dios estaba en el madero. El eterno atributo de la justicia de Dios estaba en cuestin. Fue el pecado aborrecido por el Santo Dios?, O era l uno que pudiera favorecer el pecado y pasar por alto su debido pago?. El Seor Jess proporciona la respuesta en su persona y en la cruz, l puso en alto la santidad inmutable de Dios. All l declar en los odos del universo "Pero t eres santo, T que habitas entre las alabanzas de Israel". Testimoniando esa santidad por la confesin de su propio abandono.

La Vctima Santa se haba hecho pecado y fue abandonado, todo sucedi exclusivamente por eso. En su agona Cristo llam en voz alta a su Dios. "Dios mo, Dios mo" l dijo. Esta repeticin significa una muy profunda emocin, en una necesidad urgente. Cuando Abraham estaba de pie hacia el altar en el que Isaac haba sido puesto con ataduras y sosteniendo el cuchillo en lo alto para matar a su nico hijo, el Angel de Jehov llam "Abraham, Abraham". Dos veces, a nombre del Padre llam desde el cielo. Haba una urgente necesidad por el patriarca a escuchar. Ni un momento se debe perder. Ms urgente todava fue el clamor del Seor bendito. l estaba en las profundidades de su angustia, sumergido bajo las olas de ira Divina contra el pecado y el lamento, reson en la inmensa desolacin: "Dios mo, Dios mo por qu me has desamparado?".

stas son las palabras del Hijo amado de Dios, el Unignito del Padre, Dios manifestado en carne. Permtanos reflexionar sobre ello y acariciarlo meditando en ello, una vez y otra vez. Permtale penetrar a lo ms intimo del alma. Para hacer que se purifique el espritu e ilumine el corazn. Nosotros contemplamos en renovadoras visiones, la grandeza de la gracia de Dios y nos gloriamos ms, y ms en la cruz de nuestro Seor Jesucristo. Nosotros vemos cada vez ms la luz y el amor de Dios que estaba en l, quin permaneci solo en ese lugar de terror, de oscuridad y maldicin. Nosotros le adoramos ms fervientemente a l, quin am y lo soport todo hasta el fin. Incluso cuando fue abandonado por l, perdiendo el contacto con su Dios, llamndolo " Dios mo" en la seguridad que l sera odo en la piedad (Hebreos 5:7).