Dónde El Bautismo Nos Pone

o La Importancia Del Bautismo

William Wooldridge Fereday

Pensamientos sobre Romanos 6:1-4.

He sentido la obligación de la necesidad de considerar en un sentido práctico la posición en la cual el bautismo nos ha puesto.

Por cierto que no ha faltado la controversia con respecto a esta ordenanza en sí misma desde los días de los apóstoles hasta ahora; y quizás no ha habido otro tema que cause más perturbación entre sus defensores que este. En medio de la nube de la controversia el significado de esta ordenanza ha venido a ser poco claro originando los más serios problemas para todos nosotros. Porque nada es más solemne en su aplicación, nada más conducente a los profundos ejercicios del corazón y de la conciencia, considerando toda la vida práctica, que el bautismo cristiano correctamente entendido.

Es interesante notar la conexión moral que existe entre el bautismo y la cena del Señor. Ambas son ordenanzas del Señor para su pueblo; el primero instituido después de Su resurrección, y el segundo antes de Su pasión. Ambos fueron entregados por El par ser observados por nosotros hasta Su retorno. Tanto el bautismo como la cena del Señor apuntan a Su muerte. Es de suma importancia mantener esto en mente. Bajo el pretexto de engrandecer al Señor Jesús, hoy se la da gran énfasis a Su vida (como un ejemplo para nosotros a seguir) restándole importancia a Su muerte.

La muerte de Cristo es el fundamento de todas las cosas tanto para Dios como para el hombre. Sin Su muerte la bendición seria imposible para cualquiera. Por la muerte de Cristo toda demanda de justicia divina ha sido satisfecha una vez para siempre. Aun más, no solo los pecados han sido quitados, sino que en la muerte de Cristo el hombre quien cometía los pecados ha sido quitado de los ojos de Dios. “Nuestro viejo hombre ha sido crucificado juntamente con Él” (Romanos 6:6).

El bautismo es un acto individual; la cena del Señor es un acto colectivo, de la asamblea. El bautismo es un acto hecho una vez para siempre; la Cena del Señor es continua. Pero ambas apuntan hacia la muerte de Cristo. El bautismo nos identifica con Su muerte; la cena del Señor, en su conmovedor recuerdo de aquel que murió, es lo que constantemente nos recuerda donde Su muerte nos ha situado con relación a todas las cosas aquí abajo.

Consideremos aun cuidadosamente que el bautismo va más allá. Esto se ve en el uso que el Espíritu le da a la palabra en tanto en Romanos 6:3-4 como en Gálatas 3:27. Por medio de la ordenanza del bautismo nosotros renunciamos a todo aquello que éramos como hombres en Adán, y somos puestos en una posición que debería dirigirnos profundamente por el resto de nuestra vida. Por otra parte, no es importante el referirnos a la fecha en que fuimos bautizados, el asunto mayor, verdaderamente importante, que debería ejercitarnos seriamente, es cuan lejos hemos vivido, desde el día en que fuimos bautizados, de acuerdo a los principios establecidos en nuestro bautismo.

Leamos Romanos 6:1-4 “¿Qué, pues, diremos? ¿Perseveraremos en el pecado para que la gracia abunde? En ninguna manera. Porque los que hemos muerto al pecado, ¿cómo viviremos aún en él? ¿O no sabéis que todos los que hemos sido bautizados en Cristo Jesús, hemos sido bautizados en su muerte? Porque somos sepultados juntamente con él para muerte por el bautismo, a fin de que como Cristo resucitó de los muertos por la gloria del Padre, así también nosotros andemos en vida nueva.”

El argumento del Apóstol, en este conocido pasaje es tan claro que nadie podría confundirse, él antes acaba de decir (Rom. 5:20) que “cuando el pecado abundó sobreabundó la gracia.” Aquí la maravillosa obra de Dios es presentada, en donde él triunfa sobre todo el mal del hombre, quedando este como un fondo oscuro frente a la manifestación de Su rica gracia hacia los pecadores, quienquiera que crea. Luego el apóstol anticipa que algunos sutiles males podrían ser introducidos por mentes perversas. Si el pecado del hombre provoca que la gracia de Dios abunde ¿Por qué no continuamos pecando? Él procede a mostrar que esto conllevaría a una clara contradicción con respecto a la posición que el cristiano ocupa. El creyente es visto por Dios como estando muerto en la muerte de Cristo; ¿cómo entonces viviría en aquello a lo cual Cristo ha muerto?

Frecuentemente el apóstol en sus epístolas encuentra necesario decir “¿O no sabéis?.” De esto aprendemos cuan fácilmente dejamos las verdades que una vez fueron conocidas y gozadas; o si solo reteniendo las mismas verdades en la letra, se pierde el espíritu de ellas. Así el apóstol apela en este pasaje a las verdades reconocidas que se relacionan con el bautismo cristiano.

Somos “bautizados en Cristo Jesús.” Hemos sido puestos aparte hacia él. Reconocemos que nuestra única esperanza esta en él. Un Mesías vivo hubiera sido inútil. Nuestra parte esta con “Cristo Jesús”, Aquel que ha pasado por la muerte y quien ahora vive en el poder de la resurrección ante el rostro de Dios. El efecto práctico de esto es que desde hoy en adelante “Cristo es todo” (Col. 3:11). Nosotros que vivimos, ya no vivimos para nosotros mismos, sino para aquel que murió por nosotros y resucitó. Así el apóstol lo expresa a los Corintios en su segunda epístola (5:15). Cristo es digno de nuestra absoluta devoción, y Su voluntad debería ser nuestro profundo deleite. Aquellos que salieron de Egipto fueron “todos bautizados en Moisés en la nube y en mar” (1 Corintios 10:2). Así ellos fueron puestos aparte en Moisés, para oír la voz de Dios en él, y de obedecer en todas sus direcciones. Probemos nuestros corazones bajo la luz de esta verdad: ¿Estamos, como “bautizados en Cristo Jesús”, absoluta y enteramente consagrados a Él, y es nuestro diario placer el hacer Su voluntad?

“Todos los que hemos sido bautizados en Cristo Jesús, hemos sido bautizados en su muerte.” El enseñar la idea de la regeneración en el bautismo no solo es absurda sino además engañosa y destructiva. Cada pasaje de la Escritura que habla del bautismo tiene referencia a la muerte y no a la vida. En el poder de aquella nueva vida que hemos recibido, hemos renunciado a todo lo anterior, tomando, por el bautismo hecho una vez para siempre, nuestro lugar de separación de todo aquello de lo cual Cristo esta afuera. Esto nos aparta, totalmente, de todo sistema mundano. Sus designios, sus placeres, su política, sus honores y premios, son cosas que de aquí en adelante se cuentan como “lo que queda atrás” (Fil. 3:13). ¿Pero estamos preparados realmente para una limpieza como esta? Esto es lo que nuestro bautismo significa, pero ¿lo realizamos? Es fácil jactarse de realizar el bautismo de la forma correcta, mientras que en nuestro corazón rechazamos todo lo que éste representa. Esta situación nos pone en una actitud similar a la de los fariseos del tiempo del Señor, a los cuales él incansablemente condenaba.

Observemos ahora el significado que la resurrección de Cristo tiene en este pasaje. Él “resucitó de los muertos por la gloria del Padre.” La resurrección de Cristo fue la respuesta del Padre a todo lo que él era como hombre aquí en esta tierra. Desde el principio hasta el final él glorificó al Padre. El Señor Jesús no era descendiente del primer hombre (moralmente hablando), Él era hombre de un orden completamente distinto- “El segundo hombre…, que es del cielo.” No es de extrañar que una y otra vez el Padre exprese públicamente Su placer en él. Pero la resurrección fue la plena respuesta a las perfecciones de Cristo. El Padre no pudo menos que levantarle de los muertos. Al glorificar a Su hijo él se glorificó a sí mismo. El resultado de esto es que ahora tenemos un hombre arriba, en quien toda la complacencia del Padre descansa; y él es presentado a nosotros como el modelo y objeto de nuestro andar práctico sobre la tierra. Esta “novedad de vida” significa una absoluta separación de todo el orden de cosas terrenales, y un camino de crecimiento en conformidad a Cristo en la gloria. Ningún modelo de vida, más que Cristo glorificado podría satisfacer a Dios; de la misma manera para aquel que acepte lo que el bautismo establece, nada le podría satisfacer fuera de Cristo.

El Señor nos preserve de una mera obediencia a formas que a veces no conocemos el significado y poder. Ojalá podamos con inteligencia espiritual y con un corazón devoto al Señor, hacer Su voluntad hasta Su retorno del cielo.