El Arca de la Salvación

Hugo Bouter

El arca de Noé es un hermoso tipo de Cristo, el Arca de nuestra salvación. El mundo que existía en tiempos de Noé pereció bajo el diluvio de muchas aguas. Las ondas y las olas de aquel diluvio son figuras de la ira venidera. El que no tiene a Cristo está perdido, y la ira de Dios está sobre él (Juan 3:36). Sólo si estamos en Cristo somos salvos de las aguas del juicio, porque las Escrituras dicen que "ninguna condenación hay para los que están en Cristo Jesús" (Romanos 8:1).

Cristo nos resguarda del juicio. No obstante, las aguas de la muerte resultaron en algo bueno, pues ahora el Señor nos ha introducido a una esfera nueva, donde permanecemos ante Dios en un terreno completamente nuevo, el terreno de la resurrección. Esto también halla su expresión en el bautismo: el lavamiento del agua habla, por un lado, de la muerte, y por el otro, sin embargo, de la nueva vida en Cristo Jesús (Romanos 6: 3-4; 1.ª Pedro 3:20-21). Nosotros fuimos sepultados con Él en la muerte por el bautismo, a fin de estar en una nueva posición y caminar en novedad de vida.

Podemos observar algo similar en la vida de Moisés. Él fue «sepultado» en las aguas del río Nilo en una arquilla de juncos, y de esta forma fue salvado por medio de las aguas, porque fue quitado de las aguas de la muerte . La palabra traducida arca -la de Noé- y arquilla -en la que fue puesto Moisés-, que aparece en Génesis 6 y en Éxodo 2, respectivamente, es la misma palabra hebrea. Observemos además los siguientes detalles de la descripción del arca del libro del Génesis y sus significados simbólicos:

•  El arca de Noé era una enorme embarcación de madera que medía trescientos codos de largo, cincuenta codos de ancho y treinta codos de altura (un codo equivale aproximadamente a medio metro). Tenía tres cubiertas divididas en compartimentos o cuartos que servían como alojamiento o depósito. Tenía una puerta en uno de sus costados que Dios mismo cerró (Génesis 6:16; 7:16). También tenía una ventana en lo alto, la cual abriría Noé para enviar el cuervo y la paloma (Génesis 8: 6-8).

•  Al contemplar el arca como figura de Cristo, quien es nuestra verdadera arca de salvación, podemos considerar que la madera, fruto de la tierra, nos habla de la real humanidad del Señor (cfr. Isaías 4:2; 53:2). "Hay un solo mediador entre Dios y los hombres, Jesucristo hombre" (1.ª Timoteo 2:5).

•  Noé debía calafatear el arca por dentro y por fuera con brea . Las palabras originales hebreas traducidas aquí «calafatear» y «brea» pertenecen a la misma familia de palabras, y en el resto del Antiguo Testamento aparecen traducidas «(hacer) expiación» y «rescate». Este recubrimiento es una figura del poder expiatorio de la sangre de Cristo que cubre nuestros pecados, nos hace aceptos a Dios y nos libra del juicio.

•  La puerta situada en el costado del arca nos recuerda el costado de Cristo traspasado que permitió que haya un camino de salvación para los pecadores (Juan 19:34-35; 1.ª Juan 5: 6-9). Cristo es la puerta. Si alguien entrare por Él, será salvo (Juan 10:9).

•  Los aposentos o celdas (literalmente «nidos») que tenía el arca nos habla de la seguridad y la protección de todos los que están en Cristo: "Y ahora, hijitos, permaneced en él" (1.ª Juan 2:28). En este sentido, Él será como un santuario (Isaías 8:14). Recordemos que el templo de Salomón también tenía aposentos distribuidos en tres niveles (cfr. Génesis 6:16 y 1.º Reyes 6: 4-6). En la casa de Dios hay muchas mansiones, y allí hay un lugar preparado para todos los que creen en Cristo.

•  El arca también tenía una ventana , una abertura por donde pudiera entrar la luz. De la misma manera, Cristo revela la luz que viene de lo alto, la luz divina que de los cielos alumbra en medio de la oscuridad y la confusión (Juan 1:9; 3:12-31-32). En nuestras habitaciones, nosotros tenemos esta luz divina.

•  Finalmente, consideremos la preparación del arca. El arca de Noé brinda una enseñanza práctica para los padres cristianos. Así como Noé preparaba un arca para que su casa se salvara (Hebreos 11:7), así deberían hacer los padres cristianos con sus hijos, llevarlos a Cristo a fin de que estos se encuentren a salvo en el único lugar seguro que hay en este mundo de pecado.

 

Traducido por Ezequiel Marangone