El Evangelio de la salvación. Liberación del poder del pecado

Michael Hardt

Cuando las personas vienen a Cristo confesando sus pecados y creyendo que Su obra en la cruz del Calvario fue suficiente, se regocijan. Comprenden que ahora tienen “paz con Dios” (Romanos 5:1). Muchos de los que han creído les cuentan a todos los que pueden acerca de lo que han hallado y cuán felices son ahora. Pero, repentinamente, algo comienza a andar mal. Tienen un mal pensamiento, o dicen una palabra indebida, o cosas peores. ¿Y ahora? Ellos comienzan a preguntarse a sí mismos: «¿Cómo pudo suceder esto? Yo he confesado todos mis pecados y he aceptado a Cristo como mi Salvador. Pero ahora he pecado nuevamente…» Entonces llegan las dudas: «¿Mi conversión habrá sido real? ¿Me habré arrepentido lo suficiente?¿Por qué he pecado nuevamente?»

Las siguientes preguntas y respuestas lo ayudarán a encontrar una salida a estos dilemas.

 

 

6.1 ¿Cuál es la diferencia entre «pecado» y «pecados»?

6.2 ¿Cuál es la solución divina ante el problema de los pecados y del pecado?

6.3 ¿El creyente continúa bajo el poder del pecado?

6.4 ¿Cuáles son las dos familias mencionadas en Romanos 5?

6.5 ¿Cuál es la consecuencia de pertenecer a la familia de Adán?

6.6 ¿Qué es lo que caracteriza a quienes pertenecen a la familia de Cristo?

6.7 Ahora que, por gracia, soy parte de la familia de Cristo, ¿puedo continuar pecando?

6.8 ¿Por qué es inexcusable que un creyente siga pecando (Romanos 6:1)?

6:9 Sin embargo, ¿por qué a veces cometo pecados? ¿Acaso no estoy muerto con Cristo?

6.10 ¿Qué significa que “nuestro viejo hombre fue crucificado juntamente con él” (Romanos 6:6)?

6.11 ¿Qué significa la expresión “el cuerpo del pecado”?

6.12 El problema de nuestros PECADOS ha sido resuelto mediante la muerte de Cristo a nuestro favor. Pero, ¿cómo ha sido resuelto el PECADO y su poder?

6.13 ¿Qué significa el bautismo?

6:14 ¿Cómo sé que he muerto con Cristo? ¿Puedo sentirlo?

6.15 Si he muerto con Cristo, ¿en qué afecta esto mi relación con el pecado?

6.16 Si he muerto con Cristo, ¿qué implicancia tiene esto en mi vida práctica?

6.17 ¿Debería un creyente guardar la ley (o ciertas leyes) para asegurarse de no cometer pecados (Romanos 7: 1-6)?

6.18 ¿Cómo, entonces, puede el creyente vivir de una manera que agrade a Dios?

6.19 ¿Quién es el “yo” de Romanos 7: 7-25?

6.20 ¿Cuál es el problema de esta persona?

6:21 ¿Qué es lo que esta persona descubre? (Romanos 7: 17-24)?

6.22 El «yo» de Romanos 7 ahora entiende que no puede liberarse a sí mismo del problema. ¿De dónde puede recibir ayuda?

6.23 ¿Cuál es la conclusión a la que llega en el capítulo 7?

6.24 ¿De manera que un creyente ya no puede ser condenado por Dios (Romanos 8:1)?

6.25 ¿Qué significan las expresiones “la ley del Espíritu de vida” y “ley del pecado y de la muerte”?

6.26 ¿Cuál es la solución que Dios ofrece para el problema del pecado (Romanos 8:3)?

6.27 ¿Esto significa que los creyentes no pueden hacer cosas que estaban prohibidas por la ley? ¿Por qué no? (Romanos 8:4)

6.28 ¿Qué es “andar conforme al Espíritu” en la práctica?

6.29 ¿El creyente anda siempre en el Espíritu?

6.30 ¿Cómo podemos asegurarnos de andar en el Espíritu?

6.31 ¿Qué hace Dios para ayudarnos a andar en el Espíritu?

6.32 Si nuestra salvación es tan completa, ¿por qué muchos creyentes todavía sufren en sus cuerpos y mueren? ¿Nuestros cuerpos no son beneficiarios de la salvación?

6.33 ¿Dios ha predestinado a personas para condenación?

 

6.1 ¿Cuál es la diferencia entre «pecado» y «pecados»?

La misma diferencia que existe entre un árbol y sus frutos. Los pecados son acciones pecaminosas, tal como los frutos dados por un árbol. El pecado viene a ser el árbol mismo, la fuente de todos los hechos pecaminosos. Es por este hecho que la condición del hombre es peor de lo que parece. No resulta suficiente resolver el problema de los pecados quitándolos o expiándolos. Es necesario encargarse de la fuente de la que provienen ellos, a saber, el pecado mismo.

 

6.2 ¿Cuál es la solución divina ante el problema de los pecados y del pecado?

Los pecados han sido perdonados. Si usted cree en Cristo, ha sido justificado de sus pecados. Sin embargo, el pecado, como tal, no puede ser perdonado. Sólo puede ser condenado. Y es lo que Dios hizo en la cruz (Romanos 8:3). Los actos pueden ser perdonados, pero la mala naturaleza debe ser condenada.

 

6.3 ¿El creyente continúa bajo el poder del pecado?

No. Un creyente puede pecar (1.ª Juan 2:1), pero no tendría por qué pecar, y no tendría que pecar. El creyente no está obligado a pecar y tampoco es algo que no pueda evitar. Para considerar de qué forma un creyente ha sido liberado del poder del pecado, leamos las siguientes respuestas.

 

6.4 ¿Cuáles son las dos familias mencionadas en Romanos 5?

Cada ser humano es un hijo o una hija de Adán desde su nacimiento. En cambio, aquellos que han aceptado a Cristo y creyeron en Él han venido a ser miembros de Su familia (o raza). Nuestra muerte con Cristo corta el vínculo con Adán, de manera que podamos ser miembros de una nueva familia (o raza) de la que Cristo es la Cabeza.

 

6.5 ¿Cuál es la consecuencia de pertenecer a la familia de Adán?

Cada hijo de Adán ha heredado de él el pecado, y, el resultado del pecado es la muerte. Esto nunca ha cambiado, lo cual prueba que el pecado alcanza a todos los hijos de Adán. Este pecado produce un fruto malo: los pecados. El pecado y los pecados desembocan en la muerte (Romanos 5:12).

 

6.6 ¿Qué es lo que caracteriza a quienes pertenecen a la familia de Cristo?

La gracia de Dios ha abundado, incluso podemos decir que hoy en día sobreabunda, lo cual es una feliz y bendita consecuencia de que la justificación ha sido cumplida (vv. 15-19). En otras palabras, cada miembro de la familia de Cristo ha sido justificado.

 

6.7 Ahora que, por gracia, soy parte de la familia de Cristo, ¿puedo continuar pecando?

No. La gracia jamás es una excusa para pecar (ver la próxima respuesta).

 

6.8 ¿Por qué es inexcusable que un creyente siga pecando (Romanos 6:1)?

Porque nosotros estamos muertos con respecto al pecado [1] . Hemos muerto con Cristo. Cristo murió en la cruz, ¿no es así? Nosotros pertenecemos a Cristo, hemos sido bautizados para Él. En el bautismo “para Cristo” nos identificamos con Él, de manera que somos uno con el Señor. Por lo tanto, si Cristo murió, nosotros también hemos muerto, en lo que se refiere a nuestro viejo hombre, como «hijos de Adán».

 

6:9 Sin embargo, ¿por qué a veces cometo pecados? ¿Acaso no estoy muerto con Cristo?

En Romanos 6-8 aprendemos acerca del «viejo hombre» (ver respuesta 6.10), quien ha sido crucificado con Cristo. Pero, también debemos aprender, aunque a veces a través de una dolorosa experiencia, que todavía tenemos en nosotros la carne (La expresión «carne» en este contexto no se refiere al cuerpo físico, sino a nuestra naturaleza pecaminosa). Este es el motivo por el cual somos capaces de seguir cometiendo pecados. Para ver más acerca de este tema, ver las respuestas acerca de Romanos 7.

 

6.10 ¿Qué significa que “nuestro viejo hombre fue crucificado juntamente con él” (Romanos 6:6)?

Mi “viejo hombre” es mi persona antes de mi conversión, como hijo y miembro de la familia de Adán (Romanos 5:12 y sig.). Antes de mi conversión, yo era responsable ante Dios de mi culpabilidad. A causa de mi identificación con Cristo en su muerte, Dios declara que mi “viejo hombre” también está muerto. Él ya no me reconoce como aquel que era antes de mi conversión, es decir, como una persona natural y culpable. ¿Podemos sentir tales cosas? No. Pero, es verdad ya que Dios así lo afirma. No se trata de considerar nuestros sentimientos, sino los pensamientos de Dios.

Por lo tanto, no debemos confundir nuestro “viejo hombre” (el cual está muerto) con la carne, la naturaleza pecaminosa, la cual está aún en nosotros (Romanos 7:17, 18, 25; 8:4; 1.ª Corintios 3: 2,3).

 

6.11 ¿Qué significa la expresión “el cuerpo del pecado”?

Leemos tal expresión en Romanos 6:6b: “…para que el cuerpo del pecado sea destruido, a fin de que no sirvamos más al pecado”. El “cuerpo del pecado” es todo el mecanismo o sistema pecaminoso en nosotros, el principio completo del pecado en el hombre.

Un creyente puede cometer un pecado (no debería, por supuesto), pero el pecado ya no es más su amo.

 

6.12 El problema de nuestros PECADOS ha sido resuelto mediante la muerte de Cristo a nuestro favor. Pero, ¿cómo ha sido resuelto el PECADO y su poder?

Este problema no ha sido resuelto por medio de la muerte de Cristo por nosotros, sino por nuestra muerte con Cristo.

Comparemos esto con la relación existente entre un esclavo y su amo, en el tiempo en que Pablo escribía esta epístola. El amo tiene derechos sobre el esclavo, pero sólo mientras el esclavo viva. Una vez que dicho esclavo muere, su amo ya no puede hacerle nada. De igual manera, sucede con nosotros. Ya que hemos muerto con Cristo, el pecado ya no tiene derechos ni autoridad sobre nosotros. Se trata de una completa liberación.

 

6.13 ¿Qué significa el bautismo?

El bautismo nos habla de una identificación con Cristo en Su muerte. Así como Cristo murió y fue sepultado, de la misma manera somos bautizados (Romanos 6: 2-3). También nos habla de otras cosas, por ejemplo, de que la persona bautizada viene a ser un discípulo (Juan 4: 1, 2; 1.ª Corintios 10:2), etc.; pero, el punto en Romanos 6 es que estamos identificados con Cristo en Su muerte, es decir, que hemos muerto con Él.

Notemos que ser bautizados no nos otorga el derecho de reclamar un lugar en el cielo.

 

6:14 ¿Cómo sé que he muerto con Cristo? ¿Puedo sentirlo?

No. Usted no lo puede sentir. Si ha aceptado a Cristo por la fe, entonces sencillamente ya es un hecho y usted lo sabe porque la Palabra de Dios se lo dice (Romanos 6: 8,9).

 

6.15 Si he muerto con Cristo, ¿en qué afecta esto mi relación con el pecado?

El pecado (el principio del mal, de la oposición contra Dios) ya no tiene nada que reclamarle a usted. Es como un hombre que pagó a otro una gran suma de dinero para que vaya a la guerra en su lugar. Cuando el gobierno le envió una nota diciendo: «Debe ir a la guerra ahora, su sustituto ha muerto», él contestó: «Lo lamento, no puedo ir, estoy muerto». Él había comprendido que podía ejercer el derecho de considerarse muerto, debido a que su sustituto había muerto.

 

6.16 Si he muerto con Cristo, ¿qué implicancia tiene esto en mi vida práctica?

Cuando el pecado quiere reclamar sus derechos sobre nosotros, podemos ejercer un derecho, un derecho obligado, a considerarnos muertos a nosotros mismos (ver respuesta anterior). Por la fe comprendemos que ya no tenemos ninguna obligación de ceder ante el pecado (Romanos 6: 10-14). Es como si usted rentara una casa. Si otro dueño compra dicha casa, deberá pagar la renta al segundo dueño, no al primero. Si el antiguo dueño lo acecha para seguir cobrándole la renta, usted le dirá que se vaya porque él ya no puede ejercer sus derechos sobre la casa ni sobre su vida. Sus obligaciones ahora son para con el nuevo dueño. De la misma manera, nosotros ahora tenemos un nuevo dueño (Romanos 6: 15-23).

 

6.17 ¿Debería un creyente guardar la ley (o ciertas leyes) para asegurarse de no cometer pecados (Romanos 7: 1-6)?

No. Guardar leyes o reglas no es el camino para lograr esto. Sólo es un principio carnal, porque descansa sobre la habilidad natural del hombre [2] . Tan pronto como usted intentara tales cosas, deberá admitir, si es honesto, que ha fracasado. Pablo explica que estamos muertos para la ley, así como estamos muertos para el pecado.

Observemos que Dios sólo dio la ley de Moisés para ser cumplida a una nación, Israel. En cuanto al andar del creyente y los mandamientos que tienen que ver con él, léase la respuesta 6:28.

 

6.18 ¿Cómo, entonces, puede el creyente vivir de una manera que agrade a Dios?

Esto no se logra guardando una ley, sino ocupándose de la persona de Cristo. Esto hará que nos parezcamos más a Él y que vivamos para Él cada día de nuestras vidas. Si le permitimos al Espíritu Santo que nos ayude a ocuparnos de Cristo, entonces nos dará el poder para vivir de una manera que agrade a Dios (ver respuestas 6.27 y 6.31).

 

6.19 ¿Quién es el “yo” de Romanos 7: 7-25?

  • ¿Es Pablo? No. No podría ser Pablo, pues él mismo afirma: “Y yo sin la ley vivía en un tiempo…” (v. 9). Esto no puede ser aplicado a este apóstol, pues él era un rígido fariseo (Filipenses 3:5).
  • ¿Es un incrédulo? No, tampoco puede ser. La persona de Romanos 7 ya tiene la nueva naturaleza; él desea hacer lo que es bueno (Romanos 7:19), por lo cual dice: “Porque según el hombre interior, me deleito en la ley de Dios” (Romanos 7:22). Resulta muy claro que este sentir proviene de la nueva naturaleza, la cual Dios da en el nuevo nacimiento (Juan 3:3).
  • ¿Es un verdadero creyente? Sí, es un verdadero creyente, pero que no se encuentra en condiciones normales. La afirmación: “Yo soy carnal, vendido al pecado” (v. 14), difícilmente pueda ser la descripción de la condición habitual de un creyente.
  • ¿Quién es entonces? Es una persona que ha nacido de nuevo (ver respuesta 2.20), pero que es carnal, no espiritual (1.ª Corintios 3:1), es alguien que descansa en sus propias fuerzas, tratando de guardar la ley, de hacer lo que es bueno con sus propios esfuerzos, por lo que fracasa de manera constante y vive absolutamente infeliz. Él no ha comprendido que la carne más «espiritual» o bien intencionada no deja de ser la carne. Este no es el estado normal de un cristiano. Pero, muchos creyentes pasan por este estadio en sus vidas hasta que aprenden no sólo a confiar en Cristo, sino también en Su obra como absolutamente suficiente para ellos; es decir, hasta que lleven a la práctica que han sido liberados por medio de la muerte de Cristo. Un creyente puede caer o retornar a ese bajo estado espiritual varias veces en su vida.

 

6.20 ¿Cuál es el problema de esta persona?

Una y otra vez, se enfrenta a un gran dilema. En su interior se libra una batalla entre la nueva y la vieja naturaleza. Hay cosas buenas que quisiera hacer, pero que al final no hace. Luego, hay cosas malas que no desea llevar a cabo, pero cede ante ellas, haciéndolas una y otra vez (Romanos 7:19).

 

6:21 ¿Qué es lo que esta persona descubre? (Romanos 7: 17-24)?

Al menos, tres cosas. Primeramente, que todavía tiene la carne, es decir, la vieja naturaleza pecaminosa (v. 17). Luego, que nada bueno habita en él: “Y yo sé que en mí, esto es, en mi carne, no mora el bien” (v. 18). Por último, descubre que no puede hacer nada para librarse a sí mismo, sino que necesita que otra persona lo libere: “¡Miserable de mí!, ¿quién me librará de este cuerpo de muerte?” (v. 24).

 

6.22 El «yo» de Romanos 7 ahora entiende que no puede liberarse a sí mismo del problema. ¿De dónde puede recibir ayuda?

Hacia el final del capítulo 7, esta persona deja de buscar la ayuda en sí misma y comienza a buscarla afuera. Ahora no dice «¿Cómo podré yo liberarme…?», sino “¿Quién me librará…”? (Romanos 7:24).

 

6.23 ¿Cuál es la conclusión a la que llega en el capítulo 7?

A una conclusión que presenta dos aspectos. En primer lugar, la persona ha aprendido mediante su experiencia que no puede hacer nada bueno por sí mismo, que no hay nada bueno en la carne (Romanos 7:18). Luego comprende que hay dos naturalezas: la vieja e irreparable, y la nueva, las cuales se oponen entre sí. Además, agradece a Dios (Romanos 7:25) porque entiende que todo lo que necesita hacer ya ha sido hecho por el Señor Jesús (comienzos del versículo 25 y del cap. 8:1). La conclusión final, entonces, la observamos en el capítulo 8: 1-11 (ver respuestas 6.24 y 6.31)

 

6.24 ¿De manera que un creyente ya no puede ser condenado por Dios (Romanos 8:1)?

No, porque el creyente ahora está en Cristo, y, recordemos, Cristo está glorificado a la diestra de Dios. De manera que si alguien quisiera condenar a un hijo de Dios, debería poder condenar a Cristo, lo cual es ¡imposible!

 

6.25 ¿Qué significan las expresiones “la ley del Espíritu de vida” y “ley del pecado y de la muerte” (Romanos 8:2)?

Una ley también nos habla de un principio. Por ejemplo, cuando una piedra cae a tierra, este hecho deriva de una ley de la naturaleza. La ley del Espíritu es también un principio, esencialmente implica que el Espíritu nos guía y nos lleva a ocuparnos de Cristo. La ley del pecado también es un principio, el que principalmente se opone a Dios y lleva a la muerte. Una vez que el creyente pone toda su confianza en Cristo, que cree que Su obra es suficiente y que ya no hay condenación para los que están en Cristo Jesús (es decir, una vez que cree en el “evangelio de la salvación” (Efesios 1:13) ), el Espíritu de Dios tiene libertad para operar en él.

 

6.26 ¿Cuál es la solución que Dios ofrece para el problema del pecado (Romanos 8:3)?

Dios perdona los pecados, es decir, los hechos, pero el pecado sólo puede ser condenado. No hay otra forma que condiga con la naturaleza de Dios que no sea condenar el pecado. La ley nada puede lograr en contra del pecado, porque ella era “débil por la carne”, es decir, el hombre no era capaz de guardarla.

 

6.27 ¿Esto significa que los creyentes no pueden hacer cosas que estaban prohibidas por la ley? ¿Por qué no? (Romanos 8:4)

No. Los justos reclamos de la ley son cumplidos en el creyente. Pero no porque él trate de guardar la ley, sino porque buscará caminar por el Espíritu, lo cual implica que su andar estará de acuerdo con la mente y la voluntad de Dios, de manera que aborrecerá el mal.

 

6.28 ¿Qué es “andar conforme al Espíritu” en la práctica?

Pues bien, el Espíritu conduce al creyente a estar ocupado con la persona del Señor (Juan 14:26; 16: 13,14). En consecuencia, tal hijo de Dios estará plenamente gozoso y sentirá el deseo de ser como Cristo. Y, al imitar a Cristo, todas las exigencias de la ley se cumplen de manera «automática», como producidas «en serie».

Veamos un ejemplo. La ley dice: “No robarás”. Un creyente ya no está bajo la ley, pero el Espíritu mantiene al creyente cerca de Cristo, quien, siendo rico, se hizo pobre. Él ha enseñado que es más bienaventurado dar que recibir. Como el creyente aprende a amar a Cristo y a imitarlo, entonces busca hacer el bien a los demás. Teniendo en cuenta estas cosas, ¿cómo se le ocurriría robar? (Efesios 4:28)

Resulta tan obvio que este comportamiento es apropiado para alguien que ama al Señor, que no podríamos decir que es opcional, sino obligatorio. La obligación de actuar de una manera que es la adecuada respuesta de amor al Señor. Por este motivo, el apóstol Juan señala que amar a Dios y a Sus hijos implica guardar Sus mandamientos (1.ª Juan 2:3; 3:22-24; 5: 2,3). Cuando amamos a una persona, el más simple deseo de tal persona será siempre un mandamiento para aquellos que la aman.

 

6.29 ¿El creyente anda siempre en el Espíritu?

Sería normal que lo hiciera, pero, lamentablemente, no siempre es el caso que observamos en la práctica. Por lo general, el creyente es guiado por el Espíritu, no obstante, es posible que pueda contristarlo (Efesios 4:30). Esto sucede cada vez que un hijo de Dios peca, consecuencia de no haber estado ocupado con Cristo ni haber vivido bajo la mirada de su Señor, en comunión con Él.

 

6.30 ¿Cómo podemos asegurarnos de andar en el Espíritu?

Simplemente, poniendo de lado todo aquello que en nuestras vidas pueda contristar al Espíritu. Si usted ha tenido malos pensamientos, necesita confesarlos a su Señor. Si ha pronunciado una palabra indebida, deberá hacer lo mismo. No espere, manténgase en comunicación permanente con Dios. Si hacemos esto, el Espíritu nuevamente tendrá libertad para llevarnos a ocuparnos de Cristo y “guiarnos” en todo (Romanos 8:14). Así lograremos hacer “morir las obras de la carne” y andar en el Espíritu.

 

6.31 ¿Qué hace Dios para ayudarnos a andar en el Espíritu?

Dios envió a su Espíritu para que habite en nosotros (Romanos 8: 10,11), lo cual se cumple en todos los creyentes (ver 1.ª Corintios 6:19), nos lleva a saber más acerca de la persona del Señor (Juan 16:14) y nos hace conscientes de que Dios es nuestro Padre (Romanos 8:15,16). Una completa salvación: ¡hemos sido justificados de nuestros pecados, liberados del poder del pecado, y, por el Espíritu, conocemos a Dios como nuestro Padre de amor!

 

6.32 Si nuestra salvación es tan completa, ¿por qué muchos creyentes todavía sufren en sus cuerpos y mueren? ¿Nuestros cuerpos no son beneficiarios de la salvación?

Los creyentes todavía sufrimos porque somos parte de la creación. Pablo explica esto en el siguiente párrafo (Romanos 8: 18-29). Por medio del hombre, el pecado entró en el mundo y, como consecuencia, “la creación gime”. Pero, este problema también será resuelto. Esperamos “la redención de nuestro cuerpo” (v. 23). Cuando Cristo venga, recibiremos nuevos cuerpos. Mientras tanto, tenemos esta “esperanza” y el Espíritu nos ayuda en nuestras debilidades (v. 26; cfr. respuesta 2.11).

 

6.33 ¿Dios ha predestinado a personas para condenación?

No. La Biblia no afirma tal cosa. Dios quiere que todos los hombres sean salvos (Tito 2:11; 1.ª Timoteo 2:4; 2.ª Pedro 3:9). Además, Dios “manda a todos los hombres en todo lugar que se arrepientan” (Hechos 17:30). En Romanos 9:18 leemos que Dios endurece a quien Él quiere (pero sólo después de que el hombre se ha endurecido a sí mismo, tal como observamos en el ejemplo del Faraón (vv. 14-17). Romanos 9: 22-23 afirma claramente que Él preparó los vasos de misericordia para su gloria, pero que los vasos de ira estaban preparados para destrucción (no dice que Dios los haya preparado).

 

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Resumen

 

Hay tres grandes problemas que asolan a la humanidad:

  1. Los pecados (las acciones pecaminosas).
  2. El pecado (el principio del mal, la fuente de los hechos pecaminosos).
  3. Los sufrimientos físicos.
  • El primer problema fue resuelto mediante la muerte de Cristo a nuestro favor (Romanos 3-5:11).
  • El segundo problema fue solucionado por medio de nuestra muerte con Cristo (Romanos 5:12- Romanos 6).
  • El tercer problema será resuelto cuando Cristo vuelva (Romanos 8).

 

Pero, en todos los casos, ¡todo se lo debemos a Cristo!

 

[1] ¡También hay otras razones! Continuar pecando es un insulto a la gracia y a Cristo mismo, quien sufrió por nuestros pecados. Sería un error muy grave, el que es ampliamente condenado en Romanos (ej. 3:8; 6:1,2, 15-18) Si usted ha aceptado a Cristo y conoce el enorme precio que Él pagó (el derramamiento de Su sangre), entonces deseará agradarle, y no insultarlo al continuar pecando.

[2] Hay personas que tratan de guardar la ley a fin de alcanzar la salvación o, una vez que son salvos, como medio para obtener bendiciones y mantener las relaciones con Dios. Ellos terminan como el hermano mayor de Lucas 15: orgulloso, alejado y sin conocer verdaderamente al Padre de amor.

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